¿Pinocho?

¿Pinocho?
De ningún modo, es el canshapito posando con una su mascarita de parachiquito

jueves, 19 de mayo de 2011

No soy un mampo

Foto: Carlos Díaz.

La mujer es hermosa. Tiene piernas torneadas, caderas anchas, cintura estrecha, grandes nalgas y busto, cabello teñido y un cutis casi impecable: características propias de una modelo de pasarela. Pocos se imaginarían que Dorian Edith Hernández Cancino nació hombre.
Originaria de Chiapa de Corzo, desde pequeña tuvo la certeza de que quería ser mujer transgénero. Encontraba en el tradicional baile de Los Chuntaes una posibilidad de mostrar esa feminidad con la que nació y a la cual estaba empeñada en no renunciar. Era de los hombres vestidos de mujer el más bello, el más coqueto, el más contento. Pero buscaba mucho más. Quería vestir así todo el tiempo: para ir al mercado, a la escuela, a las fiestas; quería hacer amigas, hablar de chicos, tener pijamadas, muñecas y, quizás, una fiesta de 15 años.
“Yo supe desde muy chica —te puedo decir mi talla mas no mi edad —acota, pícara, sonriendo: Soy talla siete) que quería ser mujer. Gracias a Dios tuve unos padres y abuelos muy amorosos y comprensivos que no me rechazaron ni se avergonzaron de mí, como acostumbra la sociedad con aquellas personas que se descubren gays, lesbianas o transexuales. Decidí, entonces, cambiar mi cuerpo de hombre a mujer, como debió ser desde el principio.”

Nacer niño fue circunstancial
Los individuos pueden hacerse conscientes de su identidad sexual en etapas diferentes de su vida. En la mayoría de los casos, la condición transexual se manifiesta en algún momento de la infancia, en la que el niño o la niña puede expresar un comportamiento incongruente o una insatisfacción relacionada con el sexo con el que nació. Sin embargo, estos niños intentan ocultar su ser diferente tan pronto como experimentan un rechazo como consecuencia de su comportamiento.
“La comunidad que ahora se llama, nos llamamos, gay, lesbiana, transexual e intersexual (hermafroditismo) ya no aceptamos el término ‘mampo’, como solían llamarnos, estigmatizarnos; hemos trascendido, tenemos términos que nos identifican y describen en nuestras particulares diferencias, y a las cosas hay que llamarlas como son. Estamos viendo hacia un futuro diferente, con un gobierno responsable y consciente de la población con estas características.”
Dorian dice sentirse muy afortunada, porque fuera del seno familiar también encontró gente que la apoyó en la consolidación de su verdadera identidad. Estudió la primaria y secundaria en la colonia Plan Chiapas de Tuxtla Gutiérrez, y lejos de recibir ataques y señalamientos, las muestras de amistad, aceptación y solidaridad la fortalecieron en esta etapa tan complicada del desarrollo humano en general, y más aún en su condición.
“Empecé a vestirme de mujer en un concurso de belleza que se hizo en Chiapas y se llamó Dorian Gray, en él concursamos puras chicas trans, y, bueno, obvio, yo gané. De ahí me puse el nombre de Dorian, me sentía completamente realizada, en el mundo y el papel que yo quería.”
─Cuál era tu nombre de hombre.
─Fíjate que ese tipo de preguntas casi no las contesto, porque mi vida es ésta, la de mujer, todo el tiempo ha sido así, y nacer en cuerpo de niño sólo fue circunstancial. Me llamo Dorian, porque gané aquel concurso, así me conocen. Pero si quieres un nombre, mi nombre es Edith Hernández Cancino.

Cambios forzados
La pubertad es especialmente difícil para los jóvenes transexuales ya que, mientras otros púberes se sienten excitados por sus cambios corporales y encantados con su crecimiento, los jóvenes transexuales llegan quizás al peor estado de desarrollo anatómico de sus vidas: aquel que acentúa los caracteres sexuales que no corresponden con el sexo con el que se identifican.
Para empeorarlo, muchos endocrinólogos insisten en que las personas transexuales deben pasar la pubertad antes de que se les prescriba la terapia hormonal que podría haber prevenido la masculinización o femenización de su anatomía. Debido a esto, las personas transexuales deben someterse a difíciles procesos que podrían simplificarse mucho más con una intervención temprana. Además, algunas transexuales femeninas intentan autocastrarse, a menudo sin éxito, y automedicarse. Ambas opciones se consideran extremadamente peligrosas.
“Empecé a hormonizarme sin asesoría médica, eso es peligrosísimo, pero yo no sabía y me dejé llevar por los consejos de las demás. Yo quiero hacer un llamado a las chicas transexuales a que no se automediquen, por favor. Ponen en riesgo su salud, se exponen a serias enfermedades. Estamos propensas al cáncer, y no precisamente de mama sino en la sangre. Muchas podemos tener la premenopausia por tanta hormona artificial que le metemos a nuestro cuerpo. Al principio estaba maravillada, pues, imagínate, a los 14 años empezaron a crecer mis caderas, mi busto, cambió mi piel, pero el exceso me llevó al punto del cáncer, tuve que ser tratada por un endocrinólogo para salvar la vida.”

Dormir en el metro
“Llegué a la ciudad de México con una mano atrás y otra adelante para continuar con mi proyecto de vida como mujer trans, para trascender. Fue muy difícil porque la comunidad de allá es muy hermética, cuesta ser aceptada. Está muy marcado el liderazgo, es como una forma de decir ‘Yo mando aquí y aquí se hace lo que yo digo’. Pues ya te imaginarás, si dentro del propio grupo trans existe discriminación, el trato externo es hostil, peligroso. La transfobia (odio o miedo irracional hacia las personas transexuales) mata. Te cuento rápido una anécdota:
“Un día iba con una compañera en el metro, íbamos buscando dónde acomodarnos entre el gentío (nuestra parada era el Metro Hidalgo, ahí nos reuníamos y quedábamos a dormir, porque no teníamos otro lugar; fue una situación muy difícil que pronto conocerán porque sacaré a la luz un libro acerca de cómo una chica trans rompe con tantas barreras que se encuentra en el camino) cuando de pronto se acerca un tipo y le da con todo… así bien fuerte… ay, no podría decir la palabra vulgarmente (vergazo, quiso decir), en el pecho y casi la desmaya. ‘Oye, qué te pasa, por qué agredes a mi amiga, no te ha ofendido’, le grité; y puedes creer que nadie se metió a defendernos, la gente se quedó paradota, así como que si nada hubiera pasado, y dices cómo es posible que pasen estas cosas tan fuertes.
“Afortunadamente ahora vivimos otra realidad en la ciudad de México. No te digo que no hay discriminación, porque eso se da en todas partes, en todas las culturas, pero estamos haciendo un país diferente, estamos enfrentándonos a una sociedad, tal vez machista, que se está quitando poco a poco la venda de los ojos, que se está dando cuenta que no existimos sólo porque de repente se nos ocurrió vestirnos de mujer y salir a la calle, ¡no!; sino que somos personas normales con su propio estilo de vida. Están comprendiendo que ya lo traemos en la sangre, que en verdad queremos vivir como mujeres y hombres trans, que queremos el respeto y el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. No somos seres humanos de segunda, somos productivos, pagamos impuestos, amamos y necesitamos que nos amen, también.”
Probablemente una de las grandes luchas pendientes para la comunidad transexual es concienciar a la población de que esa condición no es una amenaza ni una aberración ni una enfermedad; es decir, la lucha contra la discriminación que genera la transfobia, bien sea en el terreno laboral, en el contexto familiar, en el social o, incluso, en la misma persona trans que no se acepta a sí misma. En esta batalla, la comunidad que defiende los derechos de estas personas ha instaurado el 17 de mayo como día mundial contra la homo y la transfobia.

Maquillista profesional, actriz, modelo, y, sobre todo, una mujer trans plena, Dorian Edith Hernández Cancino es una importante activista del movimiento LGBTTTI (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual), y forma parte de la Comisión Nacional de la Diversidad Sexual del Partido de la Revolución Democrática, desde donde trabajará para que se reconozcan y respeten los derechos de estas personas, se les brinde igualdad de oportunidades y los servicios de salud que necesitan. Ah, sí, también es hermosa.

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Noviembre de 2009

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