¿Pinocho?

¿Pinocho?
De ningún modo, es el canshapito posando con una su mascarita de parachiquito

viernes, 30 de julio de 2010

Todo se lo ha dado la poesía


Todo me lo dio la Poesía:
el sol, las flores, el silencio y la lluvia.
Y yo no supe qué hacer con todo aquello
además de asombrarme.
Y cantar.
Y agradecer.



Todo se lo ha dado la Poesía: el paisaje, la Luna, los vientres de las hembras más hermosas dulcemente paridas por el húmedo vientre de la patria. Todo se lo ha obsequiado: la música más honda de la Música y las huellas de oro en el ojo de oro de la Imaginación. Todo se lo ha ofrecido. Incluso las arterias del Tiempo y el sentido del mundo: Nacimiento, Vida, Muerte, Amor y Permanencia. Ahora, también, el merecido reconocimiento de su pueblo.
Bajo el principio de que honrar honra… el H. Ayuntamiento Constitucional de Ocosingo decidió, en solemne sesión de Cabildo, colocar una placa conmemorativa en la casa en que nació, el 15 de diciembre de 1950, el poeta Efraín Bartolomé Rodríguez, hijo de don Rodulfo Bartolomé y de doña Celina Rodríguez, y rendirle un homenaje en vida al mayor de sus creadores.
“A través de su obra literaria, este hombre ha sabido leer el corazón profundo de su tierra y nombrarlo con palabras luminosas que han logrado volar de Chiapas a México y de México a siempre…” Además, se decidió “cambiar la nomenclatura a la calle que de hoy en adelante se llamará Avenida Central Efraín Bartolomé”, se lee textualmente en el Reconocimiento al Mérito Ciudadano entregado, a nombre de todo el pueblo ocosinguense, por el cuerpo de regidores, en el auditorio de la Universidad Tecnológica de la Selva. El acto protocolario estuvo coordinado por el secretario municipal Francisco Argüello.
También estuvieron presentes, como invitados de honor, Marco Antonio Besares Escobar, secretario de la Rial Academia de la Lengua Frailescana, y Héctor Cortés Mandujano, novelista y dramaturgo; no obstante, se sintió la ausencia del gran cuentista Eraclio Zepeda, quien por motivos de salud no pudo asistir a la ceremonia en la que también participaría.


Testigo de fe pública
Tras la entrega del reconocimiento, Besares Escobar toma la palabra y, leyendo un texto de corte notarial-literario, apunta: “Asisto como testigo de fe pública, como escribano chiapaneco que ejerce hoy en la jurisdicción universal de las palabras encantadas, en ellas no existen linderos legales, por eso no pedí autorización para esta intervención protocolar siendo notario fraylescano, así pues, hago constar que estoy constituido en la capital de estos valles cabalgantes hacia el sol, que todos los presentes previamente se han identificado a satisfacción con la credencial de la buena voluntad y la amistad sincera, de la admiración y respeto que le tenemos al hombre de los poemas que arden iluminando las rutas hacia la paz del ser…
“El destino, dirigido por los astros alineados este día, me designó y ubicó aquí en este espacio del mundo maya, en esta ciudad bajo el relámpago, para usar la voz de mi alma, acompañada del ritmo de la música solar y felicitar con entusiasmo a los miembros de este Cabildo que tuvieron la maravillosa idea de honrarse honrando merecidamente a un poético ser, parido en estas tierras de selva, de agua, de cielo y cuevas de jaguar.
“En el acta de Cabildo, supongo, y en el acta de protocolo de los poetas eternos quedará descrito este acto maravilloso de celebración y alegría, para los efectos que haya lugar, en la memoria colectiva universal.”

Ocosingo Bartolomé
Toca el turno de hablar al nacido en la finca El Ciprés, de Villaflores, Héctor Cortés Mandujano, y en un escrito de exquisita manufactura hace el casamiento espiritual del poeta con su pueblo: “Y con Ocosingo a cuestas ha escalado peldaño a peldaño, verso a verso, poema a poema, página a página, libro a libro, hasta llegar a la cima del alto nombre de Poeta, de Poeta con mayúscula.
“Y diciendo ‘soy de Ocosingo’ ha ganado uno a uno los premios más importantes de nuestro país. Y con Ocosingo al lado de su nombre han sido vertidos sus poemas a otras lenguas, se ha cantado a su tierra en otros idiomas.
“Y de pronto hoy, feliz, felina y mágicamente, los nombres Efraín y Ocosingo se han vuelto uno. Y de tanto decir ‘Casa paterna’ ahora su casa paterna dice llamarse ‘Efraín Bartolomé’, y una calle que antes era sólo una referencia cardinal se llama desde hoy ‘Efraín Bartolomé’ y el Poeta, el que nació aquí el 15 de diciembre de 1950, parece ahora llamarse Efraín Ocosingo y su pueblo Ocosingo Bartolomé, en una unión alegre que vuelve una a la Tierra y la Poesía, una la Palabra y la Selva, una la Patria y el Hombre.”

Sin contradicciones
Efraín Bartolomé agradece a sus paisanos con evidente emoción y con esa honestidad que caracteriza a las personas luminosas y transparentes evita frases de corte humillatorio y políticamente correctas como “No me explico por qué me han elegido a mí para recibir esta distinción que de ninguna manera merezco” o “Agradezco el alto honor que inmerecidamente se me brinda”, antes bien reconoce la inteligencia y sensibilidad de quienes creen que merece este reconocimiento, “sus buenas razones tendrán y no seré yo quien los contradiga”.
“Algo he de haber hecho bien para merecer este reconocimiento y ese algo creo que se reduce a tres cosas, más o menos involuntarias: he amado profundamente mi tierra ocosinguense, he amado a su gente y he entregado mi vida a la Poesía. He registrado las hondas experiencias emocionales que la vida me ha deparado, las he procesado en mi atanor espiritual y las he transformado en artefactos artísticos, en gemas del alma, en pulidas joyas verbales con las cuales no me quedo, egoísta y avariciosamente: las entrego a mi prójimo en forma de poemas, en forma de libros, en palabras donde mi sangre fluye.
“Así fue: recogí un poco de la húmeda tierra natal y la amasé con sangre y luz hasta lograr una escultura donde, como lo quería mi admirado maestro Salvador Díaz Mirón, palpitaba una hermosura trágica.”

Efraín Bartolomé, al escribir poesía, arrojó un puñado de pétalos al Cañón del Sumidero… y, ahora, escucha el eco.

lunes, 19 de julio de 2010

Casa de citas (IX)


La comida y el humor
Héctor Cortés Mandujano


En su ensayo Hermann Broch, una pasión desdichada (Ediciones sin nombre-Conaculta, col. La centena, 2004) José María Pérez Gay cita una de las ideas del genial autor de La muerte de Virgilio (páginas 72-73): “Los escritores no conocemos la creación, no creamos obras de arte. Nosotros trabajamos. El trabajo consiste en escribir frases o palabras que hayan pasado unas diez veces por nuestro control, diez o cien veces, no importa, y controlar si hemos asumido cada una de esas palabras, si las hemos integrado a nuestro corazón”.
En Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy (Ediciones Cátedra, 1985: 156), en el segundo volumen (de los nueve que la componen), publicado originalmente en 1759, dice Laurence Sterne en boca de su personaje: “Escribir, cuando se hace cabalmente (como pueden ustedes suponer intento hacer yo), es como conversar. Igual que nadie que sabiéndose en buena compañía se aventuraría a acaparar la conversación, así tampoco hay autor consciente de las justas limitaciones del decoro y de la buena crianza, que pueda presumir de pensar en todo. El mayor respeto que puede tenerse a la capacidad de asimilación del lector exige, por consiguiente, compartir este quehacer amistosamente, dejándole algo de lo que uno mismo tiene que imaginar”.

***
Digan lo que digan, siempre hay algo malo escondido en los hombres que huyen del vino, de las cartas, de las mujeres hermosas o de una buena conversación. Esos hombres o están gravemente enfermos o tienen un odio secreto a los que le rodean: Mijail Bulgákov, en El maestro y Margarita.

***
Dorita, una querida amiga, nos invita a una cena. Alegre como es, cuando ve entrar a una mujer vuelve el rostro hacia mí y me dice:
—¡Qué bueno que vino ésta! ¿La conoces?
No, no la conocía. Doris la llama para que venga a sentarse con nosotros. Nos saludamos cortésmente. Tiene los ojos claros, está un poquitín pasada de peso, treintona, despide un agradable y suave perfume, tiene una embrujadora coquetería natural, y unos pechos opimos, generosos. Comienza a conversar y nos callamos para oírla construir historias que nos mantienen sonrientes primero, risueños después y ya, roto el turrón, a carcajada abierta.
Las historias que nos cuenta gravitan sobre su vida amorosa. Los hombres, según su versión, son maravillosos al principio y canallas al final. De todos modos, según nos cuenta, le encanta conocerlos a fondo. Los goza y los sufre sin medias tintas. Ha tenido varios y los abre en canal para divertirnos. Lo que dice lo hace con una teatralidad exacta, cuidando que su voz pase casi sin transición de la sensualidad al grito chillón, que sus ojos muestren la pasión y el desprecio con puntualidad. Es una conversadora magistral.
Dice: Ese hombre desgraciado fue el amor de mi vida. Ah, se perdió en mis pechos tantas veces, me hizo sudar y gozar y llorar. Fue de mis primeros, el maldito, tuvo esa suerte. No era guapo, pero tenía estilo, algo que muchos hombres ya no tienen. Ya es muy raro encontrarte uno que hable, se mueva, fume y tome sin perder la figura, el encanto; que te tenga en sus manos, que te haga temblar nada más con verte. Bueno, éste se sabía el numerito y me tenía rendida. Cuando vi que ya estaba entregada, pensé: “Tengo que probar si de verdad me quiere”, y terminé con él. Así hacemos las cosas las mujeres que sabemos lo que cargamos. Pues el menso, el babotas, el muy burro, no se dio cuenta de que yo lo que quería es que me rogara, y se fue. Lloró, pues, en mi presencia, pero no me insistió, no me pidió razones. Se fue en serio, no lo volví a ver hasta veinte años después cuando me lo encontré por pura casualidad. Mi corazón era un tambor sin ritmo. Él me vio y lo sentí caer; se recompuso, sacó fuerzas quién sabe de dónde para recuperar su estilo. Le dije:
—¿Te acuerdas de mí?
—Sí, dijo, nunca te he olvidado.
—Yo tampoco, le dije, mientras pensaba cómo me iba yo a desquitar de tanta espera (estuve entretenida con otros hombres, mientras tanto, no vayan a creer). Recorrí las posibilidades de motel cercano.
—¿Te casaste?, dijo.
—No, ¿y tú?
—Yo sí.
(Cerdo maldecido, ¿cómo pudo casarse? Pero faltaba que le hiciera la pregunta clave:)
—¿Y eres feliz?
Ni lo dudó, el muy rata de dos patas.
—Sí.
—Ah, pues qué bueno —le dije encabronada—, ojalá que sigas igual hasta el día de tu muerte.
Le dije adiós rapidito para que no viera que unas traicioneras lagrimitas estaban saliendo de mis lindos ojos. ¿Cómo puede ser feliz un hombre que me conoció y me perdió? Sólo que sea idiota, como ése.

Cuando nos despedimos, ya de madrugada, lo hicimos como si nos conociéramos de toda la vida. Luego del beso y el abrazo, nos quedamos unos segundos con las manos enlazadas. Le dije, frente a mi mujer.
—Estoy casado; si no fuera así, en este momento te pediría matrimonio.
Me dedicó una mirada plena de sugerencias y una sonrisa coquetísima.
Miré a mi mujer. Ella estaba concentrada en mi rostro. Sus ojos eran dos estiletes, dos dedos en el gatillo.

***
No recuerdo en qué momento empecé a leer a W. Somerset Maugham, cuentista y novelista de impresionante maquinaria narrativa; lo que sí sé es que ninguno de sus libros leídos hasta el momento me ha decepcionado. La editorial Sexto piso ha puesto de nuevo en circulación algunos de sus títulos (los magníficos El temblar de una hoja, y El estrecho rincón) con la elegancia bien pagada con que editan; sin embargo, en uno de esos botaderos que ponen en las ferias de libros, donde a veces hay perlas magníficas, adquirí, creo que por 10 pesos, Soberbia (editorial Reno, 1973), una novela que cuenta la imaginaria vida del pintor Charles Strickland, hombre normal hasta que a los 47 años abandona todo (negocio, mujer e hijos) para dedicarse, sin concesiones y sin pausa, a la pintura.
La historia en varios momentos hace referencia a Shakespeare (según la crítica, el bardo inglés es el más citado después de la Biblia, lo que puede constatar cualquiera que lea buenos libros), pero me llamó la atención una frase sin importancia que relacioné con una idea shakespereana. Un hombre, con justicia, va a echar a otro de su departamento y piensa (p. 46): “Mi instinto me dijo que debía elegir la hora con cuidado. Una llamada a los sentimientos de un hombre es difícil que tenga buen éxito antes de almorzar”.
En Comedia sexual de una noche de verano (de obvia alusión a una de las obras del llamado Cisne de Avón), Woody Allen hace decir a uno de sus personajes que una persona se desmayó cuando vio las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina: “¿Había comido?”, es la pregunta inmediata.
Coriolano (UNAM, 1992), de William Shakespeare, nos cuenta sobre un hombre soberbio y de constante mal humor, pero un excelente guerrero, eso sí, capaz de vencer él solo en la batalla de Corioles (de allí el sobrenombre con que lo premian, pues su nombre es Marcio). Cayo Marcio, ya Coriolano, no hace caso a las peticiones de su esposa ni de su madre para dominar su furia; Menenio, un viejo que tiene influencia sobre él, razona (p. 414): “No se le ha entrevistado en buen momento; no había comido”; cuando le piden que sea él quien intente sofocar el encendido ánimo del guerrero pregunta al guardia que cuida el acceso (p. 418): “¿Puedes decirme si ya comió? Porque yo no querría hablar con él hasta después de la comida”.
De allí, pues, que antes del amor y los negocios, la tripa. Si la pretensión es que una dama nos acompañe a la cama, antes debemos hacerla pasar por la mesa. Un buen negocio se cierra luego del postre. Como dice Rius en uno de sus emblemáticos títulos, que parodia una frase histórica de Vicente Guerrero, La panza es primero.

Ilustración: Manuel Velázquez.


Contactos: hectorcortesm@hotmail.com

martes, 13 de julio de 2010

Casa de citas (VIII)


Salma desnuda
Héctor Cortés Mandujano



A las jóvenes las exponen como los géneros en un almacén
en el que los hombres tienen la entrada libre
para elegir a su gusto.
León Tolstoi, en “La sonata a Kreutzer”


El destino de las muñecas
Apiladas, puestas en fila, coquetas, austeras, en cajas finas, colgadas como reses, bien vestidas, desnudas, las muñecas no pueden más que esperar a que alguien pregunte su precio, pida una rebaja (si son de puestos callejeros o de mercado) y, finalmente, se las lleve con rumbo desconocido.
Una tendrá la suerte de pasar la noche en una cama mullida, entre unos brazos amorosos; otra dormirá en el suelo; aquella será echada de malos modos al jardín o al patio.
Más de una sentirá que “un bracito ya se le rompió” y tal vez otra descubra que “sus amigos no son los del mundo” porque a ellos poco importa el destino de las muñecas a las que sólo quieren cuando son dóciles y se dejan hacer de todo, cuando no protestan y están sonrientes y pintaditas y calladitas y obedientes…

*Este texto lo escribí inspirado en una fotografía de Alexis Sánchez. Los entrecomillados finales corresponden a la canción “La muñeca fea”, de Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri.

***
Dice Arturo Ripstein: “Mi trabajo es hacer que la cámara escriba, defina, diga. La gente confunde la película con el argumento”. Lo dice a propósito de la filmación de El coronel no tiene quien le escriba (guión publicado, en gran formato, por la Universidad Veracruzana, 1999:14): “Lo único que he hecho es depurar la novela, quitarle todo lo que me podía desviar de la estructura específica que es la de la espera y del tiempo”.
Eso dice él, pero quien escribió el guión cinematográfico fue su mujer, Paz Alicia Garciadiego, y ella dice que para escribir el guión tuvo que olvidarse de la historia original y de García Márquez (17): “Una vez hecho esto, la novela se convierte en materia prima, en auténtica materia prima. Tienes que hacerla tuya y faltarle absolutamente el respeto. Convertirla en tuya, tuya, tuya”. Lo logró, para desgracia de la historia que, en la película, incluye la muerte del hijo del coronel, la historia de su asesino y la historia de la nuera, una prostituta (Salma Hayek). García Márquez ha tenido mala fortuna en el cine, ni modo.
Ripstein inició su carrera cinematográfica, justamente, con Tiempo de morir (1965), un argumento escrito por García Márquez y Carlos Fuentes. Fue un gran debut y el inicio de lo que sería su estilo que, por simplificar, tiene por lo menos dos constantes: largas secuencias y personajes desolados.
Desde 1985, con El imperio de la fortuna (basada en una historia de Rulfo, filmada antes con el título de El gallo de oro, por Gavaldón, creo) los argumentos de las cintas de Ripstein los ha escrito Garciadiego con la constancia de casi una película por año. Mi favorita de este dúo es, con mucho, Profundo carmesí (Ediciones El Milagro-Imcine, 1996), de guión irreprochable, ambientación exacta y dos actuaciones magistrales: Daniel Giménez Cacho y Regina Orozco en los papeles de los dos asesinos que de la realidad han saltado a la pantalla varias veces.
Marta Beck, una enfermera gorda que abandonó a sus hijos para ir en pos de un hombre del que se enamoró apasionadamente, y Ray Fernández, un galán en declive, especialista en enamorar y estafar mujeres, dos asesinos despiadados en la realidad norteamericana, se convierten en la cinta de Risptein-Garciadiego en Coral Fabre y Nicolás Estrella.
En el guión hay tantos hallazgos. Una de las víctimas de la pareja dice (63): “¿Te caí gorda? Dime, siempre choco. Si a mí misma me choco, soy vieja y ridícula. Nací cursi, no lo elegí”. Describe Garciadiego (133): “Rebeca ha tratado de dar alojo cálido a su candidato a esposo. Sin embargo la habitación es claramente provisional. Dicho en dos palabras: una mierda”. Cuando Coral descubre a Nicolás engañándola, éste se disculpa (139): “Perdóname, Coral. Coralito mía. Es una puta. Ya viste, ella empezó y yo qué. No sé componer coches, sólo sé esto, esto. (Se agarra la bragueta.) No es mi culpa. Ella me buscó... Me busca la buscona”. Coral ya ha matado a varias, pero es la primera vez que mata a una niña. Tal vez recuerda a su hija mientras ahoga a ésta. Dice Garciadiego (161): “Coral sumerge el cuerpo de la chiquita. No se ve el interior de la tina. Al principio oímos tan sólo su chapotear, luego el silencio. Coral Fabre canta y mientras canta dos gruesos lagrimones le surcan la cara. De golpe ha envejecido”.

La película, es obvio, ya tuvo una versión previa en EUA: Amantes sanguinarios (The Honeymoon Killers, 1970), dirigida por Leonard Kastle, y también una revisión posterior, en 2007, titulada Corazones solitarios (Lonely Hearts), dirigida por Todd Robinson, nieto del “detective Elmer C. Robinson, del Departamento de Policía del condado de Nassau, quien, a finales de los años 40, contribuyó a la captura y encarcelación de los asesinos de los corazones solitarios, Raymond Fernandez y Martha Jule Beck. En 1951 presenció sus ejecuciones en la penitenciaría de Sing Sing. Aquella experiencia le cambió la vida”. (Filmografía de Salma Hayek, Yahoo! Cine)
El detective es encarnado por John Travolta y los asesinos por Jared Leto y Salma Hayek quien, es una tontería decirlo, no es gorda: es bellísima. La actuación de Salmita es de veras muy buena, de un histrionismo cabal, bordado.
Ya era lugar común decir que Salma sólo hacía malas películas, pero en la anterior y en Pregúntale al viento (Ask the dust), de 2006, dirigida por Robert Towne, basada en la novela de John Fante, con Colin Farrell y Donald Sutherland, la actriz mexicana muestra que es algo más que un cuerpo maravilloso y una cara linda. Por si fuera poco, en ésta nos regala (¡gracias, Salmita chula!) un desnudo completo y espectacular.

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A un hombre le dieron un cargo importante, justo cuando estalló un complicado movimiento en la dependencia. Un amigo me dijo:
—Ese está como la toalla sanitaria: en el mejor lugar, pero en el peor momento.

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Hace tiempo, cuando era funcionario, me ocurrió esto que cuento y que había olvidado. Me lo encontré en una nota que escribí con la apuración de esos días. Me auto cito: “La reunión es im-por-tan-tí-si-ma. Una marcha, pancartas, voces airadas. Dejas el coche. Te acomodas la corbata, tomas el maletín. Corres. No puedes llegar tarde. Sentado en la acera, la cabeza contra la pared, un vagabundo te observa. Cruzan miradas. Te das cuenta, en un parpadeo, de la estupidez de tu prisa, de la cárcel de tus compromisos. Hombre de hoy, tu vida. Él se sonríe. ¿Se burla? Sólo es un instante. Y corres. Gente como tú te espera”.

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Llueve y llueve. Mi mujer, sin embargo, ve que sale humo del patio frontal de nuestra casa. Qué extraño. Va con Claudia, mi sobrina, y notan que hay un hoyito donde el agua hierve. Sale humo. Cada vez más. Mi mujer recuerda la ilustración de una de las lecturas de su libro de español, El nacimiento del Paricutín, donde una niña ve salir humo de la tierra. Va a buscarme, emocionada; yo estoy fresco, perfumado y feliz, después de mi baño diario.
—Sale humo de la tierra, ¿estará naciendo un volcán?
—No creo, le digo, eso sólo pasa en los libros de primaria. Debe ser algo más vulgar.
Salgo a la lluvia, me planto ante el fenómeno y digo, para decepción de mi sobrina y mi mujer.
—Tal vez sea un corto circuito, aquí debe pasar una instalación eléctrica.
Jairo, mi yerno, lamentablemente secunda mi opinión y derrumba el volcán que ya aparecía, en nuestras imaginaciones desatadas, altísimo y con nieve en el pico.

Ilustración: Manuel Velázquez.


Contactos: hectorcortesm@hotmail.com

jueves, 1 de julio de 2010

El Canshape (XII)


·No al voto nulo ·Reemplazo familiar
·Pronósticos: ya me vi

En las redes sociales hay una campaña que impulsa el voto nulo para este 04 de julio, dice que es la medida para mostrarle a los políticos y al sistema partidista que se está inconforme y que se debe redirigir el rumbo de la política mexicana. Me pregunto cómo un sufragio que no tiene ningún valor pueda hacer el cambio.
El voto nulo, me parece, no cambiará finalmente nada. Los políticos no sienten ningún tipo de remordimiento porque la ciudadanía esté inconforme y lo manifieste en las boletas electorales; al contrario, les facilitan el trabajo, porque con menos votos, con menos competencia, obtendrán las curules. La mayor parte de la ciudadanía está desorganizada y difícilmente habría un candidato ciudadano que represente el interés del pueblo, para ello tendrían que organizarse, y al hacerlo terminarían convirtiéndose en lo que detestan: partidos políticos, grupos en busca del poder.
El voto nulo en lugar de una bandera para exhibir con orgullo, representa la medida desesperada de quien no ve más posibilidades, y como nulo no vale nada, repito; de modo que se pierde la oportunidad, el derecho, y la obligación cívica de contribuir activamente a la elección de los funcionarios públicos y la construcción de la democracia. El voto nulo se ha ejercicio ya en procesos pasados y qué ha cambiado: nada.
¿De modo que seguiremos quemando en vano nuestro único cartucho por una manifestación rebelde que en términos prácticos no tiene ningún peso jurídico ni electoral? No creo sea el camino.

***
Después del asesinato de Rodolfo Torre Cantú, aspirante a la gubernatura de Tamaulipas por el PRI, debe hacerse algo para evitar que la alianza gane tan desenfadadamente. Aunque no haya tenido nada que ver, esto no puede resultarles sólo un golpe de suerte. Sería hasta justo que se posterguen las elecciones o que la alianza cambie de candidato; de lo contrario, no habrá legitimidad.
El PRI de Tamaulipas designó a Edigio Torre Cantú, hermano del candidato asesinado, para que se continúe con la contienda: “Pido no interrumpir el sueño de mi hermano Rodolfo. Tomar este puesto no ha sido decisión fácil”. Puede que los sectores indignados voten por este candidato, y la muerte del favorito para la gubernatura sea capitalizada, puede, pero no creo.

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La elección de presidentes municipales y diputados locales será este domingo 04 de julio, por lo tanto, y basado en lo capitalizado en las campañas, podríamos hacer un pronóstico. Ai le va: En Tuxtla Gutiérrez ganará por un gran tanto Yassir Vázquez, porque le metió con todo desde el principio para ganar la simpatía del electorado. Nadie puede negar que le echó ganas. Su jordana fue a pie y tuvo contacto con la gente, a la que escuchó y con la que hizo compromisos. Se tomó en serio su papel de candidato y como tal recorrió las colonias, no se sintió en la silla ni retozó en sus laureles. Es cierto que al principio pocos lo conocían, pero el trabajo hecho hablará por él. Los demás se sintieron perdidos y ni se esforzaron.
Si las cosas marchan democráticamente, en Tecpatán se alzará con el triunfo el joven priísta Luis Márquez, porque está convencido de que puede lograr el desarrollo de su municipio, y la gente ya no quiere saber nada de los que forman parte del actual ayuntamiento, quienes todo el tiempo le han cerrado las puertas a los más necesitados y utilizan el poder para su beneficio. Los tecpatecos no permitirán que el cacique Jorge Betancourt ponga títeres para cuidarse la espalda.
En Villaflores la experiencia se impondrá con Germán Jiménez, histórico líder social de la región frailescana. La gente recuerda con agrado el gran desarrollo que llegó a la ciudad de las flores cuando fue presidente municipal hace 30 años. Confiarán nuevamente en él porque es un campesino comprometido con la gente humilde, quien en su momento pagó con cárcel encabezar movimientos en beneficio del pueblo. Quien sirve bien merece gobernar de nuevo.
El cierre de campaña de Guillermo Toledo Moguel, candidato de la coalición Unidad por Chiapas por la presidencia de Cintalapa, que reunió a más de 5 mil personas, es una clara muestra de las preferencias del pueblo chimbombo. En Palenque, Rafael Ceballos lleva las de ganar, un hombre que sabe la importancia de la política para servir al pueblo. De igual forma, en Tapachula, se espera que el Torito, Neftalí del Toro, del PRI, tenga su mejor corrida. Comitán ganará con la ola verde. Los demás municipios seguirán la tendencia.